Corazones llenos...Bolsillos vacios...

CAPITULO VII

Miércoles, 5 octubre 2011 por Danielita

 

Ahí va un capitulo de mi “ni medio libro” que entre saltos, suspiros y ratitos libres voy escribiendo, poco a poco, ya se le ve un camino… aun queda muchísimo mas…

Espero os guste…

***

 MELANCOLIA Y JOSE ARMANDO

Alguien alguna vez se habrá preguntado donde demonios se esconde el amor de telenovela, ese pegajoso que no te deja respirar, ese que es en extremo cebollón pero aun así engancha.

Crecí en casa de abuelas, tías y madres enganchadas a la programación de la mediatarde, ese era justo el rato que tenían de descansar y soñar con José Armandos, Pedro Jesuses y Víctor Manueles, cuando llegaba la hora a mi me guardaban el rincón entre el posa brazos y los michelines de la tía Carmen, yo no entendía muy bien los dramas las peleas y lo lloros, o cuando gritaban – Bruja! A alguna rubia descolorida que intentaba entrometerse en la vida de algún galán. No entendía los suspiros, las lagrimas que rodaban por la mejilla de tía Carmen, y el afán y las ganas de sufrimiento que tenían todas esas señoras cuando llegaba la hora en que se postraban todas achirrumigadas en el sofá de tres plazas.

 Ahora si lo entiendo, era la hora en la que podían ser mujeres, en la que podían soñar y enternecerse, en la que podían llorar, llorar de corazón y lamentarse de no haber encontrado a un Juan Gabriel en sus vidas y en vez de eso habían encontrado a un Panchito regordete y trabajador.

 Yo creo que me quede ahí en el rincón entre los michelines de mi tía y su bolsillo lleno de dulces, me quede entremedio de la felicidad y los lloros, entre la realidad y la telenovela de la tarde, me quede a medio suspiro.

 Ahora lo entiendo todo y también lloro como esas señoras mayores y entrañables, lloro por mi José Armando que nunca llego ni llegara. Me lleno de melancolía de cosas que nunca tuve, porque gracias a esas historias de amoríos y romances que tardaban miles de capítulos en llegar al final, tengo montones de historias grabadas de cosas que nunca fueron y que hoy no sé muy bien porque, extraño. 

 He aprendido entonces a no preguntarme cual es el lado bueno de todo eso y a quitarme de la cabeza que el amor es como una telenovela, porque cuando se acaba no te quedas con tu galán como creías, te quedas con cara de tonta y con mil preguntas.

Cuando era adolescente el amor se veía muy bonito. es lo máximo decían mis compañeras que tenían la suerte o la desgracia de lucir novio.  Con la primera ruptura ya muchas se daban cuenta de que iba el tema. Otras muchas veces solo hace falta crecer y llegar a los treinta para oler el timo.

  No se… tu qué crees? Siempre la duda del no sé, nunca nos dijimos un si o un no, nos dijimos un no sé y por eso ahora estamos así, a medio camino como me quede yo.

 Seguramente cuando nos conocimos no era el momento, teníamos prisa y no dejamos tiempo a que las estrellas,  los soles y los planetas se alinearan en nuestra ayuda, simplemente nos dejamos llevar y en el ultimo abrazo, en la última llamada dijimos simplemente un “no se” con miedo, y con miedo no se hace nada.

 Decidimos dejarnos una media tarde justo cuando empieza la telenovela, intentando no tocar nada, sin romper nada, sin hacer daño a nadie, solo a nosotros mismos.

 Nos dijimos que a lo mejor en un futuro el destino nos haría reencontrarnos y con toda esa sarta de mentiras decidimos ignorarnos y seguir nuestras apestosas vidas.

 Y así estoy ahora, soltera y media loca, entre mis libros de ingles y con la guitarra que me mira y me pide que la rasque un rato.

 Me levanto, me miro al espejo y suspiro tantas veces sea necesario, arrugo la frente, aprieto los ojos y concentro toda mi fuerza en no pensarte hasta que después de un rato no me acuerde del porque empecé a arrugar mi frente.

(((Pic. Ilustración de Rosario Cifuentes)))

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